
Hoy vamos a ver un tema que a mi parecer merece toda la atención. Ya que hay mucha desinformación sobre si hay profetas o no en la actualidad. Hay que hacer una clara distinción entre un profeta de oficio por ministerio προφήτης (prophḗtēs) y alguien que posee el don profético προφητεία (propheteía) ya que no es lo mismo.
Hoy es común ver a muchas personas que se auto proclaman profetas y se identifican abiertamente con el ministerio de profeta que aparece en Efesios 4:11. Y esto ha generado un peligro bastante alarmante, ya que estas personas pueden abusar de su auto nombramiento y engañar al pueblo de Dios.
Hay casos documentados de “profetas” que han manipulado descaradamente a sus oyentes para un fin propio o personal. Para comenzar vamos a referirnos a lo largo de esta publicación de los profetas προφήτης (prophḗtēs) por ministerio y no a las personas que tienen el don de profecía προφητεία (propheteía).
La diferencia elemental que hay entre un profeta por ministerio y alguien que posee el don de profecía, es que el profeta recibe de forma frecuente y constante mensajes de Dios, en cambio la persona con don de Profecía puede recibir de forma espontánea y esporádica un mensaje.
La figura del profeta (nāḇî’ נָבִיא , en hebreo) fue elemental a lo largo de la historia bíblica, ya que servían como un portavoz infalible de la voluntad de Dios. Sin embargo, los hechos de ya se finalizó el canon bíblico y la revelación acerca de Jesús ya llegó a su fin, ha provocado que haya una duda sobre si hay este tipo de profetas en la actualidad o no.
Para abordar este tema de la forma apropiada, es esencial que realizamos un análisis exegético y sistemático (valorar lo que nos dice únicamente la Biblia al respecto), distinguir el rol del profeta en el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento del concepto moderno de profecía (prophēteia, προφητεία).
Los profetas en periodos del Antiguo Testamento.
Los profetas del Antiguo Testamento (nāḇî’, נָבִיא}) tenían una función muy particular, y es que se caracterizaban por ser los mediadores entre Dios y el pueblo para revelar la voluntad y el Pacto divino. Los mensajes de los profetas se caracterizaron por ser infalibles. Y sus palabras o mensajes eran esencialmente la Palabra de Dios.
A continuación te mencionaré las características particulares de estos profetas. Conocerlas será importante para determinar a partir del contexto bíblico si hay profetas o no en la actualidad.
Características de los profetas del Antiguo Testamento.
Infalibilidad: La prueba de fuego para saber si alguien era o no un verdadero profeta era doble. Su mensaje debía de alinearse perfectamente a la revelación bíblica previa y sus predicciones deberían de cumplirse al 100%.
Un solo error o contradicción por parte del profeta significaba que el mismo no era legítimo, y la ley lo condenaba a la pena de muerte (Deuteronomio 13 y 18).
Función fundacional: El ministerio de los profetas del Antiguo Testamento estaba ampliamente ligado a la formación del cañón bíblico. Ellos fueron quienes establecieron los cimientos doctrinales de la fe del pueblo Israelí
La profecía por parte de los profetas era autoritaria en su totalidad. En la actualidad el mayor consenso cristiano está en que está clase de profetas cesaron con la venidas de Cristo y no existen en la actualidad. Estos llegaron hasta la finalización del Nuevo Testamento.
Los profetas en el Nuevo Testamento.
En los periodos de la Iglesia, ya no hay profetas de ministerio como los del Antiguo Testamento, sino que son personas que tienen el don de profecía (Prophēteia, προφητεία), el cual tiene como propósito la edificación de la Iglesia (Romanos 12:6, 1 Corintios12:10).
En los periodos del Nuevo Testamento lo que hay son personas que tienen el don de profecía y la manifestación de este tipo de profecía era de una naturaleza totalmente distinta a la profecía fundacional del Antiguo Testamento.
Características de la profecía por el don de profecía:
Sujeta a juicio: A diferencia de los profetas del Antiguo Testamento (nāḇî) que eran infalibles, la profecía en el Nuevo Tés debía de someterse a juicio para ser juzgada o discernidas por la congregación (1 Cortintios 14:29: hoi alloi diakrinetōsan, “los otros juzguen”).
Esto significa que estas profecías no tenía el mismo nivel de autoridad que la Escritura, ni tampoco amplían el canon de la misma.
Propósito de edificación: La función principal de la profecía es la exhortación (paraklēsis, παράκλησις), la edificación (oikodomē, οἰκοδομή) y consuelo (paramythia), no la adición de nueva doctrina canónica (1 Corintios 14:3).
Conocimiento parcial: El apóstol Pablo nos afirma que el conocimiento de esta profecía era parcial (1 Corintios 13:9), no porque la profecía como don fuese imperfecta, sino porque estaba sujeta a manipulación por parte de algunos creyentes emocionalistas.
Por esta razón la profecía como don era falible y debía de probarse rigurosamente a la luz de la enseñanza bíblica. Un mensaje por don de profecía jamás debería de estar al mismo nivel de autoridad que la Biblia, la Biblia regula la veracidad del mensaje por el don de profecía.
Posturas teológica contemporáneas sobre la existencia de profetas en la actualidad.
Podemos comenzar afirmando de forma rotunda y sin miedo al error que los profetas como ministros ya no existen en la actualidad. Estos dejaron de ser hasta la consumación del cañón bíblico del Nuevo Testamento. El último profeta de la Biblia fue el Apóstol Juan.
Lo que vamos a desarrollar a lo largo de este segmento es la continuidad o cesacionismo del don de profecía como tal.
Cesacionismo.
La palabra misma describe el argumento principal de la postura, esta postura expone que los dones como señal o milagros, incluyendo la profecía (prophēteia), ya cesaron con la finalización del cañón bíblico y sobre todo con la muerte de los apóstoles de Jesús.
Esta postura expone su argumento central en la teleología (propósitos) de la manifestación de los dones o milagros. Las profecías y milagros tenían el propósito de dar veracidad de forma sobrenatural al mensaje de los apóstoles y así facilitar el asentamiento de las bases de la Iglesia (Efesios 2:20).
Una vez que el canon bíblico llegó a su fin, no hay necesidad de nueva revelación, por lo que las profecías cesaron de golpe.
Esta postura concluye en que el único profeta que existe en la actualidad, es aquel quien expone y aplica con fidelidad la palabra de Dios ya revelada.
Continuacionismo.
Esta postura expone lo contrario a la postura cesacionista, afirma que los dones del Espíritu Santo, incluyendo la profecía (prophētheia), aún continúan activos hasta el día de hoy para la edificación de la Iglesia hasta el día en regrese Cristo.
El argumento principal de esta postura es que los dones son herramientas necesarios para la Iglesia, y que el Nuevo Testamento jamás indica de forma explícita que estos dones hayan cesado o que cesarían (1 Corintios 13:10).
Está postura afirma que existen profetas (no como ministerio, sino por manifestación del don del Espíritu Santo), y su función es la de edificación, exhortación y consuelo. El mensaje de ellos debe de ser sometido al filtro de la autoridad de la Escritura y ser juzgado por la Iglesia local.
Conclusión sobre la existencia de profetas en la actualidad.
Los profetas como ministros descritos en Efesios 4:11 no existen en la actualidad. Estos profetas dejaron de ser hasta la muerte de los apóstoles.
Lo que sí existe en la actualidad es la función profética amplia, que es la acción de confrontar con valentía a las impiedades morales y espirituales de la sociedad con la verdad bíblica, haciendo un llamado a la justicia y al arrepentimiento.
Bajo la perspectiva teología del continuacionismo, existe el don carismático de profecía, pero el miso debe de ser siempre sometido a prueba (1 Tesalonicenses 5:21). Debe de considerarse como una guía falible, y jamás debe de ser considerado como una autoridad del mismo valor que la Biblia.
Las normas de fe y conducta que nosotros los creyentes debemos de abrazar deben de estar en la Biblia. La existencia de cualquier manifestación profética debe de ser filtrada a la luz de las Escrituras.
En lo personal, mi dictamen final es que no hay profetas en la actualidad. Sería un error garrafal elevar al mismo nivel de autoridad a un profeta por ministerio y a una persona que posee el don de profecía.
Gracias por llegar hasta el final de esta publicación, dime: ¿Qué te he parecido la enseñanza exegética de esta publicación sobre la existencia de profetas en la actualidad? ¿Ya tenías sospecha de que esta era la perspectiva o respuesta correcta a la pregunta de esta publicación? ¡Déjame saberlo en los comentarios!
Puedes acceder a mi publicación anterior en el siguiente enlace: ¿Porque las personas vivían tanto años según la Biblia?
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Teólogo, escritor y erudito biblista ampliamente comprometido con la verdad. Fundador y Webmaster de la plataforma digital: Pura Biblia.